Hemos decidido darle un toque fresco a nuestra imágen, y para ello nada más práctico que cambiar nuestras ya descoloridas y bastante torcidas gafas antiguas por unas nuevas. No ha sido fácil la elección, pero he aquí el resultado.
¿Qué os parecen?
Hemos decidido darle un toque fresco a nuestra imágen, y para ello nada más práctico que cambiar nuestras ya descoloridas y bastante torcidas gafas antiguas por unas nuevas. No ha sido fácil la elección, pero he aquí el resultado.
¿Qué os parecen?
Estos son los carteles que han salido ahora como setas en Varsovia…. Sí, ya sé que cada uno, en su casa, puede comer lo que quiera pero… ¿será realmente necesario hacerse tanta publicidad?
La gente que abarrotaba el tranvía de las 7:10 de la mañana aun lograba apartarse para separarse al máximo de aquellos dos hombres. Uno era alto, gordo y casi calvo, su compañero, era más bajo y mucho más delgado. Los dos desgreñados, descamisados y sucios; los dos lo bastante borrachos como para no poder evitar tambalearse constantemente con el bamboleo del tranvía.
Seguí la situación muy de cerca. El alto, gordo y calvo le hablaba con actitud de superioridad a su compañero. No logré descifrar si era la actitud propia de un jefe hacia su subordinado, o si era la prepotencia que le da a uno el saberse sabio, pero le explicaba como si fuera un niño el difícil arte de cancelar un billete de transporte.
“Mira” –le contaba con lengua de trapo- “tiene esta parte coloreada y esta parte blanca con una línea negra, ¿sabes distinguirlas?”
El otro le miraba estupefacto mientras asentía con la cabeza.
“Hay que meterlo por esta ranura pero… ¡¡ATENCIÓN!!” –gritando- “así o así, pero no así”…. “Tienes que meterlo de-li-ca-da-men-te en la ranura, y la máquina sola va a absorberlo”. Le explica, parco en palabras pero derrochador en gestos, al más aplicado de los alumnos.
“¿Lo has entendido?. Toma, prueba tú ahora”
Su compañero le mira con ojos de pánico… “quieres decir… ¿¡ahora!?” –pregunta.
“Ahora”, responde el jefe, asintiendo con la cabeza, seguro de sí mismo.
Observa con condescendencia cómo la máquina primero se niega a absorber, y después rechaza hasta cuatro veces el billete mal introducido por su amigo, en parte por culpa de su mermada estabilidad y los vaivenes del tranvía, mientras su propio orgullo va aumentando por momentos.
“No, así no, mira” – le dice casi con cariño, mientras guía su mano con el billete hasta la ranura- “¿lo ves?”.
El hombre bajito observa el billete que hay en su mano. Su amigo y yo vemos en sus ojos que no comprende para qué sirve tanta parafernalia. Vuelve a sonreír y a hablarle como a un bebé cuando señala con el dedo una parte del reverso del billete. “Mira, ¿lo ves? Ahora hay números aquí”.
Al comprender que su aplicado alumno ha entendido la lección, endereza más la espalda, saca pecho, levanta la barbilla y comienza a debatir sobre la máquina canceladora. Gracias a él me he enterado de que son unas máquinas muy delicadas, porque, ya sabes, provienen de España. “Que ¿porqué son tan grandes?; eso, amigo, nunca he logrado entenderlo”.
Dawno temu, kiedy byłem piękny i młody (teraz jestem już tylko piękny) chodziłem w liceum (chyba przez cały miesiąc) na zajęcia z Aikido. I przestałem. Dopiero niedawno temat ćwiczenia sztuk walki powrócił po tym jak mój kolega z pracy uznał, że zamiast chodzić na siłownie chce poćwiczyć coś bardziej ambitnego.
Wnet się okazało, że dwaj inni znajomi niezależnie pomyśleli o tym samym. No i od kilku dni (z przerwami na przeziębienie) postanowiłem zgłębić temat ćwiczenia Aikido w Warszawie.
Podszedłem do tematu metodycznie. Najpierw w internecie znalazłem gdzie są szkoły w Warszawie. Jest ich ok. 8. Następnie dowiedziałem się czego się dało przez telefon i postanowiłem ambitnie wszystkie zobaczyć. Ale tak, żeby poćwiczyć.
Na pierwsze zajęcia poszliśmy z Raquel i z moją siostrą do szkoły SOTO (na ul. Smolnej). Miła atmosfera, poza sensei (czyli trenerem) jest kilka osób zaawansowanych, które tłumaczą początkującym. Ale generalnie było bardzo dużo osób (nie mieściliśmy się na sali) chociaż zapowiadali, że to tak tylko na początku. Dziewczynom się niestety nie spodobało - jest to bądź co bądź sztuka wali i wymaga trochę agresji.
Na drugi ogień poszło Warszawskiego Centrum Aikido (w centrum). Szybko okazało się jednak, że poziom początkujący był zbyt zaawansowany i tak mną wytarmosili, że do dzisiaj bolą mnie plecy. Zajęcia intensywne ale za trudne na początek. Poza tym nikt poza sensei nie pomagał i osoby, z którymi ćwiczyłem nie były chętne aby mi pomóc o co w tym wszystkim chodzi. Zanim zrozumiałem jak wykonać ćwiczenie już się pojawiało kolejne.
Po tych zajęciach musiałem przerwać na kilka dni zaplanowany, tygodniowy maraton ze względu na zakwasy i siniaki - przegiąłem z ambitnym podejściem do pierwszych zajęć. W piątek zdążyłem jednak pójść jeszcze do Klub Aikido Meian. I jak na razie zajęcia podobały mi się najbardziej. Wszyscy bardzo życzliwi, cierpliwie tłumaczą, nie za dużo ludzi, intensywne zajęcia, które jednak można przeżyć - chociaż nie powiem, że wróciłem bez kolejnych kilku siniaków.
W tym tygodniu spróbuję obejrzeć jeszcze dwie lub trzy szkoły ale już mam pewne wyobrażenie o tej sztuce walki. Aikido powstało zaledwie 80 lat temu w Japonii przez sensei Morihei Ueshiba. Znaczy tyle co “droga harmonii ducha” i z punktu widzenia samej walki jej filozofia oparta jest, między innymi, na “odpowiedzialność za zdrowie i życie drugiej osoby” czyli jak wygrać jednocześnie nie raniąc - co bardzo mi odpowiada. Dziś znane są trzy style aikido ale zdaje się, że różnią się między sobą nieznacznie i nie ma większego znaczenia jaki styl kto uprawia. Jednak z tego co miałem okazję zobaczyć i usłyszeć to nauka jest trudna i długa.
Znów mam okazję docenić zalety życia w dużym mieście: jak mi coś przyjdzie do głowy to mam to na miejscu. Jestem mieszczuchem i jest mi z tym dobrze.
En cuanto me bajé del autobús, camino de clase, le vi al final de la calle. Era bastante temprano, las 7:15 de la mañana, había niebla, hacía mucho frío. Desde lejos me di cuenta de su figura inmóvil, de cara al escaparate de una tienda. Me iba haciendo composición de lugar a medida que me acercaba a él: hombre de esa imprecisa “mediana edad”, entre 40 y 60 años, desde luego no parecía rico, sino más bien un pobre trabajador que espera a su cuadrilla para empezar la jornada. Las ropas viejas y sucias, el pelo desmarañado, las manos en los bolsillos… durante los 2 minutos que duró mi paseo desde la parada hasta él no movió ni un solo músculo. Incluso cuando pasé por su lado seguía inmóvil, la cara paralizada en la misma mueca de fascinación, los ojos demasiado abiertos, con sorpresa, las pupilas dilatadas…
No pude evitar la curiosidad por saber qué miraba con tanto fervor. En el escaparate no había nada. Solo un enorme, moderno y lujoso televisor, de pantalla plana. Estaba apagado.
Llegamos y nos enseñan a caminar a gatas, hacia delante y hacia atrás.
Yo pensaba que ya sabía caminar a gatas, de hecho es la primera forma de desplazamiento autónomo que aprendí… pero estaba muy equivocada. Caminar a gatas al estilo “aikido” es una de las formas de desplazamiento más complicadas (y, porqué no decirlo, más lentas) que pueden realizarse sobre la superficie terrestre: primero una rodilla, luego un pie, levanto la rodilla mientras apoyo la otra rodilla, el pie para allá y el otro más acá, de nuevo la rodilla abajo pero más a la izquierda y luego el otro pie nosédonde… es uno de los pocos desplazamientos lentos en los que una se da cuenta de lo mucho que la gravedad atrae a sus posaderas.
Después la cosa no es mucho más fácil, porque nos empiezan a enseñar diferentes técnicas para caernos y para tirar al suelo al prójimo (que ha de saber caerse usando la técnica adecuada). Una de las cuales consiste en sujetarle de la mano y cerrársela en un momento determinado. Yo aun no he conseguido comprender como este sencillo movimiento hace que te caigas de culo sin remedio, aunque trate de desgranar en mi mente el complicado sistema de nervios y conexiones corporales, entre la mano y las rodillas…
Yo noto como que me falta agresividad: me cuesta mucho tirar al suelo al contrario, pero cuando lo consigo, ¡me da tanta pena! tengo que pedirle perdón por si se ha hecho daño. Y cuando él me tira a mí… ¡vamos a ver!: he pasado toda mi vida aprendiendo a mantener el equilibrio erguida, a caminar de una forma mínimamente graciosa (con y sin tacones), ¿no creéis que es normal que ahora me resista a querer caerme?…
No estoy del todo segura de que vaya a matricularme en ese curso de aikido
A mi billete de 24 horas (a los que siempre intento sacar el mayor partido posible, haciendo todos los viajes necesarios y organizándome horarios que entren dentro de esas 24 horas) le quedaban solo unos 20 minutos de validez, así que czytaj wiecej…
Me parece como si hubieran pasado mil años, y sin embargo (seguramente) hace mucho menos tiempo desde que viví en Bélgica durante casi un año.
Estas vacaciones hemos aprovechado “que pasábamos por allí” para parar. Así he recordado de nuevo las preciosas calles sobre las que andaba con mi bicicleta (cayéndome con demasiada frecuencia), las piedras que cada vez miraba con nueva sorpresa, las plazas tantas veces paseadas, el sabor de las cervezas, el queso gouda, los gofres… parece que nada haya cambiado, solo los ojos con los que ahora he vuelto a verlo todo.
Podéis ver ahora muchas de las fotos que hicimos. Son muchas, lo sé, pero… creo que he hecho un buen resumen.
¡¡Esperamos que a vosotros también os gusten!!
Dicen que más vale tarde que nunca y yo, que suelo estar bastante de acuerdo con los refranes de la sabiduría popular, opino lo mismo.
Así que ni siquiera me siento un poquillo culpable por haberos hecho esperar tanto tiempo para poder curiosear en más de nuestras fotos del verano. Para ello teneis dos opciones: hacer click en este link o entrar directamente a nuestra galería fotográfica por el enláce en el tronco del árbol.
En esta ocasión, os presentamos las fotos de España. Pronto (o no) llegará una cuarta edición, con fotos de otros lugares…
¡Esperamos que os gusten y, por qué no, que nos las critiquéis un poco!